Testimonios

GUARIQUEN: UN LUGAR EN EL CORAZÓN DE DIOS.

La misericordia de Dios nos ha traído a Guariquén y ha sido una propuesta fascinante que Él mismo se ha encargado llevar a cabo. Somos Moisés y Liseth, un matrimonio joven, de la Diócesis de Margarita, con apenas dos años y medio de casados, un año en la misión y nuestra bendición de meses que aún está en nuestro vientre. Cada uno de nosotros somos totalmente diferentes, él es carismático, dinámico, abogado, totalmente extrovertido y con el corazón lleno de deseos de servir a Dios en el necesitado. Ella es tranquila, alegre, profesora, un poco introvertida y siempre dispuesta a colaborar en la construcción del Reino de Dios…… así Dios decidió unir nuestras vidas y mejor aún llamarnos juntos a la misión. En el noviazgo siempre estuvo el deseo de servir a Dios a través de las familias misioneras y este nació a través del Servicio de Jovenmision, que en cada una de las experiencias acompañaba esta vocación misionera presente en nosotros.

EL LLAMADO
Aunque el deseo siempre estuvo presente la emoción, nervios, dudas, alegrías y sobre todo oraciones llegaron con intensidad el día que sentimos que era el mismo Dios quien a través de una llamada telefónica nos planteaba la opción de juntos partir a una tierra desconocida a atender a una comunidad donde no había de manera permanente la presencia de la iglesia que acompañara el caminar de esta gente. En medio de las dudas el mundo empieza a mostrar todo a lo que debes renunciar, la casa recién comprada, los cargos en el trabajo, la comodidad de estar en el núcleo familiar y reajustar planes de esparcimiento en familia, pero el mismo Dios se hace presente alimentando el ardor misionero en nosotros y nos ha mostrado e invitado a Guariquén como sus ovejas más cuidadas y con corazones alegres. Es así como salimos de la Isla de Margarita, en compañía de nuestro amigo quien es un hermano con quien hemos compartido muchísimos años de servicio misionero en la diócesis y años de amistad, es Francisco Malavé, joven educador, con gran disponibilidad para trabajar y con un corazón lleno del amor de Dios para servirle en los hermanos sin el mínimo afán de protagonismo o reconocimientos, quien también forma parte del equipo misionero que hace vida en Guariquén.

GUARIQUÉN
En Guariquén la población está conformada por criollos (nativos) y Waraos (indígenas), donde comparten el mismo sector pero separados por territorios y la relación entre los mismos es de discriminación mutua, se está trabajando para promover la unión entre ellos. Esta comunidad está ubicada en la Diócesis de Carúpano, cuenta con una inmensa riqueza natural; en estas tierras abundan las cosechas, principalmente de ocumo chino, yuca, plátanos y ñames. También nos alimentamos de la gran variedad de peces que se encuentran en “La Marea”, es una corriente de agua de mar y rio que se unen y llegan hasta los bordes del sector formando un caño. Los paisajes naturales, la presencia de tantos animales como lapa, araguatos, cochinos y pájaros que con sus cantos alegran el día a día hacen de Guariquén una comunidad hermosa naturalmente. Aun así Guariquén presenta muchas limitaciones como pobreza en sus hogares, la mayoría no cuenta con comida para una alimentación sana, donde los más afectados son los niños, falta de agua potable y el servicio de luz eléctrica es escaso, limitado a unas pocas horas de luz en el día; inclusive hay semanas sin contar con este servicio. El acceso al sector es a través de una carretera de tierra en mal estado, que dificulta llegar al mismo y solo transitan carros rústicos.
Cabe destacar que la comunidad se encuentra afectada por enfermedades, donde la más delicada es la malaria, que ataca cada vez con más fuerza a sus habitantes. Y no cuenta con servicios de atención médica, se vive a plenitud lo que dice el Papa Francisco “el primer hospital es la familia”; es lamentable las muertes que evidenciamos por no contar con servicios básicos, por ejemplo las mujeres al dar a luz, los recién nacidos con alguna dificultad y los ancianos sin un diagnóstico que les ayude a preservar la vida.
Los niños y su gran alegría son notorios en el pueblo, la creatividad al elaborar sus propios juguetes, donde lo mas mínimo es modificado para servir de instrumento en un mundo de imaginaciones, las niñas juegan con sus muñecas hechas de restos de trapos, los niños construyen carros o camiones con envases plásticos y juntos todas las tardes alegran las calles con las caimaneras de peloticas de goma, donde juegan desde los más pequeños hasta los hombres y mujeres que se animan a recrearse.
Nos gusta mucho en las mañanas, a primera hora ver a todos nuestros vecinos ensillar las bestias, burros y caballos, que son utilizados para ir a los conucos, todos se saludan en la calle e inician la jornada del día, nos imaginamos a Nazaret, con esta misma dinámica en la mañana, lamentablemente muchos niños deben faltar al colegio para sumarse a la búsqueda del pan de cada día.

Damos Gracias a Dios por fijar su mirada en Guariquén, donde hemos tomado como lema “El
corazón de Dios”.

MATRIMONIO Y MISIÓN
Es mucho más lo que hemos recibido que dado en este servicio misionero juntos, Dios se ha encargado de a través de diferentes experiencias mostrarnos tal cual somos el uno con el otro, para muchos era una experiencia que podía causar daño a nuestra familia naciente pero sin embargo ha
servido para redescubrirnos y plantearnos nuevos proyectos para nuestra familia. Al llegar a la misión nos nacía muchas dudas sobre qué debíamos hacer, había mucha curiosidad por parte de los habitantes de saber quiénes éramos y por qué habíamos decidido venir a vivir aquí, el primer reto era solo hacer presencia como matrimonio, pues no es una costumbre en Guariquén que se casen, la gran mayoría sólo se unen en concubinato y otros viven la maternidad desde la adolescencia de manera soltera, hay hogares constituidos y con estabilidad a pesar de no tener este sacramento ni respaldo civil del matrimonio, son muchos otros los hogares donde la pareja
abandona el hogar, siendo la mujer la que más reincide en este hecho. Esto sucede tanto en la comunidad de indígenas como criollos, entonces llegar como un matrimonio que presenta la propuesta de familia cristiana se convierte en un gran reto, donde muchos ojos están atentos para admirar y otros tantos para a la mínima juzgar.
Fue así, con sólo la presencia como esposos que empezamos a trabajar, especialmente con los adolescentes y jóvenes, para quienes siempre ha sido de gran curiosidad nuestra etapa de noviazgo, para muchos no es conocida por pasar directamente a vivir con la pareja, 7años fue el camino que
recorrimos antes del matrimonio y es una idea que aún no visualizan muchos aquí pero que les ha empezado a atraer, hay jóvenes que han querido empezar a vivir en castidad y algunas veces es la misma presión familiar quien pensando que así obtienen un mejor futuro les lleva a caer en brazos de su pareja a una edad muy temprana. La presencia de niñas con 12 años que ya tienen sus bebes en brazos es normal.

Juntos atendemos un comedor misionero que desde la obra de la Infancia Misionera en Venezuela se realiza en nuestra comunidad, se alimentan con desayuno y almuerzo cerca de 100 niños criollos y Waraos, Moisés realiza las compras y busca los mejores precios, teniendo en cuenta que esto es un reto en nuestro país y Liseth se dedica a llevar las cuentas de todo lo comprado y las necesidades del mismo, nos ha servido para formar un equipo y juntos sentir la presencia de la Divina Providencia que nunca nos abandona. Los servicios pastorales no siempre los llevamos a cabo juntos, pues es mucho el trabajo que se debe realizar, uno de los que realizamos como matrimonio es la LECTIO DIVINA en los hogares, donde juntos cada jueves visitamos una familia, compartimos las experiencias y llevamos la palabra de Dios, que es leída y meditada bajo la acción del Espíritu Santo y como medio para fortalecer la dinámica familiar, que con todos los retos que la misma trae es naturalmente el reflejo del Hogar de Nazaret, donde siempre ha de nacer y crecer Jesús. Una experiencia que El Señor nos ha permitido vivir como matrimonio es comprender el significado de estar abiertos a la vida y a su voluntad, hace poco fuimos padres adoptivos de un niño indígena cuya madre había muerto y representaba un maleficio para su comunidad, Moisés Santiago nos regaló la oportunidad de creer profundamente en el don de la vida que Dios envía y nos regaló por primera vez el título de familia, habiendo cumplido su misión con nosotros nos vimos obligados legalmente y por respeto a las costumbres de la etnia a regresarlo a su comunidad indígena y a las semanas ha sido una prueba de fe sentir el dolor de su muerte, que ha representado muchas veces momentos de tristeza para nosotros, pero aun así Dios no se deja ganar en misericordia y ha enviado a un hermano de Moisés Santiago a nuestro vientre y ahora nos encontramos a la espera de Sebastián. No todo ha sido color de rosa en el camino, pero sabemos que Dios junto a nosotros está y eso nos permite continuar.

NUESTRO OBISPO: PILAR FUNDAMENTAL
Trabajar de mano con Mons. Jaime Villarroel ha sido un motor en nuestra misión, su testimonio y ardor misionero, su deseo y motivación de ayudar y hacer presencia de un Cristo Vivo en esta zona nos llena de gran bendición. Viene regularmente a la comunidad donde visita a los indígenas, a los enfermos y comparte cantos e historias con los niños, dedica gran parte de la jornada a escuchar nuestras inquietudes y orientarnos en el servicio que prestamos y siempre terminamos con la Eucaristía. Forma parte de nuestro equipo misionero, pues ha asumido esta misión con gran alegría e importancia dentro de su ministerio episcopal, él mismo ha sentido en su corazón el llamado de Dios a aperturar esta misión y desde entonces trabaja incansablemente por mantenerla, cuando las limitaciones se hacen presente; los costos de la casa y de la alimentación, la situación del país y algunos contratiempos podrían ser motivos de desánimo pero su confianza en la acción del Espíritu Santo como protagonista de la misión es grande; muy a menudo cuando le llamamos preocupados por las situaciones y obstáculos que se nos presentan su respuesta es “Esta misión la lleva Dios y si Él lo quiere se dará, si no se da nos dirá cuál es el camino”. Nos ha enseñado a confiar plenamente en Dios y a no quitar la mirada puesta en Él, Mons. Jaime luego de invitarnos a la misión se ha preocupado por atender nuestra espiritualidad misionera y necesidades que se nos presentan, siempre dispuesto a orientarnos en tantas dudas que van haciendo parte del caminar. Nos llama profundamente la atención que cree en los jóvenes y confía en nosotros como siervos útiles para el trabajo misionero. Gracias a él comprendimos cuando nos dicen que “La iglesia es Madre”, pues su cercanía y disponibilidad nos demuestra que no estamos solos y que la misión es columna vertebral de nuestra iglesia.
Una experiencia hermosa fue elegir el nombre de nuestra misión, cada uno teníamos nombres de santos quienes podrían perfectamente encajar como patronos, él nos escuchaba uno a uno con nuestros justificativos del porqué y luego como un padre nos ha dicho que miremos la vida de Santa María Magdalena, ha sido la primera en anunciar al Resucitado y lo ha hecho con gran alegría, nos recuerda que esa alegría debemos conservarla en nuestros corazones y también anunciarlo siempre con innovación, entusiasmo y la importancia que en nuestras vidas merece. Así tomó nombre nuestra misión Santa María Magdalena.
Para que la iglesia sea misionera es bueno contar con pastores que se desgastan por la misión.
BENDITO SEAS DIOS QUE NOS LLAMAS A SER MISIONEROS
La invitación a la vida misionera es un sentir que sabemos está en el corazón de muchísimas personas que conocemos, nuestra invitación es arriesgarse a dar el paso definitivo. Hay comunidades en nuestro país y fuera que nos esperan y Dios no se cansa de llamarnos, aun con todas nuestras imperfecciones y errores, pues la obra es de Él y sólo necesita obreros que estén dispuestos a donar sus manos al servicio de ÉL y así juntos vivir LA MISIÓN EN EL CORAZÓN DE LA FE CRISTIANA.

¡EMPUÑAR EL ARADO SIN MIRAR ATRÁS!

Esta es la propuesta del Señor para todos aquellos que han sido enviados como profetas a los últimos lugares de la tierra para ser misioneros de vida y esperanza. Doy gracias a Dios por estos meses que han transcurrido en la misión. Ha sido un tiempo de gracia, tiempo para vivir al lado de la gente de la Comunidad, haciéndome parte de ellos.
La misión nos hace entender que cada cristiano debe asumir con valentía las palabras del apóstol San Pablo: “Ay de mi si no evangelizo” (1Cor. 9,16), ya que es el mismo Jesús quien nos envía para ser discípulo y testigo de su misericordia. Se trata de anunciar con la propia vida el amor de Dios manifestado en su Hijo, con la compañía cercana, escuchándoles, atendiéndoles, caminando con ellos, con gestos de ternura… Apenas esta misión está en sus inicios, y que difícil es mantenerse fiel a este mandato del anuncio del Señor en estos tiempos, pero qué grande es el amor y la misericordia que Dios ha derramado en esta comunidad. Su amor es más grande que las dificultades, su amor nos apremia. (2Cor. 5,14)

El Señor nos invita a estar al servicio de los más necesitados, para ello es necesario romper los esquemas y las barreras de las propias comodidades para ser compasivos con los que se sienten más solos y vivir con ellos en comunión y fraternidad. Todo esto es posible si Cristo Redentor esta en el centro de la tarea misionera de cada día. Se trata de enamorarnos más de Él a través de la oración y la acción, de manera que nuestro corazón pueda latir más fuerte por amor a Él y a nuestros hermanos. La misión exige a todos los misioneros dos cosas esenciales: primero la libertad de predicar el Evangelio con
valentía y franqueza, viviendo entre la gente. Y en segundo, estar dispuestos a sufrirlo todo en nombre del Evangelio, incluso hasta dar la vida por el nombre de Cristo y el amor al prójimo. Por ello, le pido al Señor que nunca me canse de hablar de Él y de escucharle a Él a través de los más necesitados de esta comunidad. Cada día, en este lugar, es una oportunidad para configurarse más con Cristo dejándolo todo para seguirle. Si Cristo siendo Dios, se hizo pequeño, pobre y humilde por amor a nosotros, ¿Por qué no hacer lo mismo por El? Por nosotros El Señor instituyo el Reino Nuevo en el que los pobres son bienaventurados, en el que los que lloran son consolados, los que tienen hambre y sed de justicia son saciados, en el que los pecadores alcanzan el perdón y en el que todos somos hermanos. Dios nos permite que con nuestra entrega podamos contribuir en la extensión de este Reino Nuevo de amor.

Jesucristo: es el centro de la misión, el nos conoce y nos ama. Siempre será compañero y amigo en medio de tantas dificultades, que felicidad se siente predicar su Nombre. Por eso, “Dichosos aquellos que empuñan el arado sin mirar hacia atrás ya que ellos son dignos del Reino de los Cielos”.
La misión poco a poco comienza a tomar forma, las personas se comprometen más cada día con su participación y disposición en la celebración de la Palabra todos los domingos, hay un grupo de niños y adolescentes preparándose para recibir los sacramentos de comunión y confirmación, se ha iniciado un cronograma de visitas y acompañamiento a las comunidades indígenas de la etnia Kariña en las cuales se han celebrado algunas Eucaristías y Bautizos con ayuda de los sacerdotes de la arquidiócesis. Para concluir, quiero motivarles a que si desean ayudar a la expansión del Reino de Dios en esta comunidad pueden
hacerlo de muchas maneras: Primero con la oración, ya que es el medio por el cual cada misionero puede sostenerse fiel a la vocación y el mandato recibido. Segundo con tu colaboración económica en favor de la misión. Y tercero, lo que más se necesita en esta comunidad, son misioneros, hombres y mujeres capaces de dejarlo todo para ganarlo todo.

Que María Santísima,
nos acompañe en todos nuestros retos y desafíos misioneros.
Unidos siempre en oración.

José Canelón
Laico Misionero en Moitaco, Edo. Bolivar-Venezuela.

TESTIMONIO MISIONERO AD GENTES

“Misioneros, profetas de vida y esperanza” este lema del DOMUND 2016, es una oportunidad para revisar el compromiso con Jesús y con su Iglesia. Ser misionero no es más que escuchar al maestro -Jesús- que enseña, que instruye y luego envía a poner en práctica lo recibido. No hay nada más gratificante que compartir los momentos de dificultad, de tristeza, de sufrimiento, de felicidad, de alegría y de gozo con los demás; y más aún llevar alegría al que lo necesite. Este compromiso con los necesitados y con la iglesia se ha ido consolidado y concretado con mayor fuerza desde nuestra llegada a Mozambique de forma personal y comunitaria como Equipo de la comunidad “Virgen de Coromoto”, comunidad de venezolanos en la Diócesis de Tete- Mozambique.

Como dicen que Dios cada día es más exigente, es necesario que le demos más de lo que a veces damos en el día a día, es necesario que nuestra misión sea constante a tiempo y a destiempo, donde nos encontremos y con quien nos encontremos. El trabajo se intensifica y se hace cada vez más exigente la necesidad de un mayor número de multiplicadores de la Buena Nueva en todos los rincones del mundo y a todos los pueblos. Ser profetas de la vida es optar y dar todo por el bienestar del otro, muchos lo hacen con su vida, otros con su aporte material y económico y otros con sus oraciones. Ahora, ¿Tú como haces llegar la esperanza? ¿Cuál es tu forma de ser misionero (a)? Jesús nos enseñó con las palabras y con el ejemplo que la verdadera grandeza se mide por nuestra capacidad de servicio a los demás. Con gracia de Dios estamos en estas tierras de Mozambique y por el mismo hecho de estar aquí, estamos apostando el 100 por ciento en el trabajo pastoral, social, personal, comunitario y espiritual.

Hemos cumplido 2 años de haber llegado, y haciendo una revisión del trabajo y los pasos dados, puede verse que verdaderamente Dios ha estado grande con nosotros y que el Espíritu Santo ha guiado los pasos que hemos dado. No podemos dejar de lado a nuestra Madre María que también nos ha acompañado en este trabajo misionero. Nuestras vivencias y el trabajo que un día iniciamos, hoy en día esta a tener una mayor fuerza y es visible, gracias al trabajo y apoyo de mucha gente, comenzando por el equipo de OMP (Obras Misionales Pontificias) que son los que hicieron posible este sueño y por mantener y sostener esta misión, a los muchos misioneros que oran día a día por nosotros y la misión, a las personas que han ayudado con algunos aportes y a la gente de esta parroquia que ha creído que es posible construir un mundo diferente de la mano de Dios.

Durante este tiempo se han ido consolidando varias áreas que atendemos: la primera, ser ahora una parroquia de Venezuela en la diócesis de Tete. Porque aun cuando la parroquia está aquí, es Venezuela que responde por ella, segundo el funcionamiento del CADEIC (siglas en portugués) que no es más que Centro de Apoyo al desenvolvimiento Integral de los Niños, donde

atendemos 47 niños en refuerzo escolar y trabajos de manualidades, 50 niños en preescolar y 15 adolescentes del programa de recreación y arte. Para un total de 112 niños que son beneficiados en el tema educativo, recreativo, de protección, salud y alimentación (esta última cuando se puede), puesto que todavía no tenemos nada fijo aun. Además de este centro, con ayuda de la embajada de venezuela aquí en Mozambique se tiene un programa de jóvenes que están a terminar la escuela secundaria con una bolsa de estudio en la parroquia vecina. En cuanto al tema pastoral eclesial, el trabajo también ha sido maravilloso, ver como las comunidades cristianas crecer en número, en formación, ver crecer su fe y su compromiso con la Iglesia; son comunidades vivas y llenas de alegría, que aprenden fácilmente y que reflejan su deseo de ser fiel a Dios aun con las dificultades que se presentan. De verdad vale la pena ser profeta hoy en día, y no solo vale la pena si no que es necesario.

Además de compartir mi alegría contigo, quiero también aprovechar para hacer la invitación a ti que estás leyendo estas palabras, para que te hagas participe de la misión que Dios encomienda a su iglesia, a ver la misión Ad Gentes como una opción de vida, a pesar del ritmo de vida que tengas no descartes la opción de entregarle parte de tu tiempo al servicio de los más necesitados, la iglesia y Jesús te necesitan para seguir propagando su reino. Recordemos que la misión no solo se encierra en la parroquia o en la diócesis, es importante que tengamos una visión más amplia, que seamos conscientes del compromiso con la misión Ad Gentes. Aprendamos a ser como los primeros discípulos de Jesús que supieron entender que era necesario salir al encuentro de los que están alejados. Y para los que no pueden salir les recuerdo que puedes ser un misionero con tu oración y con tu cooperación económica y material.

Se despide tu amigo y hermano.
Efrén Gerardo Chirinos.
Misionero en África.

LA EXPERIENCIA DE LA RESURRECCIÓN DE CRISTO DESDE EL AMAZONAS VENEZOLANO.

Queremos compartir con ustedes, el testimonio de Emnimar Carolina Bello, Laica Misionera de la Arquidiócesis de Coro, que fue enviada a la misión en el Amazonas Venezolano. Durante esta semana mi Señor Jesús ha sido maravilloso conmigo; me ha mostrado que siempre vale la pena decir si, que vale la pena dejar todo y adentrarnos en las aventuras que solo Él nos puede dar. Cuando salí de mi casa tenía la certeza de que pasaría una Semana Santa diferente pero no imaginaba que tanto, al llegar a ocamo- alto Orinoco-Amazonas, me di cuenta que la aventura comenzaba y que Dios me había colocado en un lugar en el que aprendería mucho y que también podría servirle en medio de este pueblo indígenas Yanomamis.

Normalmente en una misión de Semana Santa nos organizamos para celebrar y conmemorar la entrada de Jesús en Jerusalén, el lavatorio de los pies, la ultima cena, el mandamiento del Amor, el viacrucis, la Vigilia Pascual y la Resurrección de nuestro Señor Jesucristo; aquí la realidad es distinta, todo depende de si el rió tiene suficiente agua y de si hay gasolina para las voladoras. Por ello nos organizamos de diferente forma, los días antes de Semana Santa hasta el miércoles de la misma nos organizamos para visitar 6shaponos(Yohope, Araguaney, San Benito, Ocamo, Shashana y Tumba) uno cada día. En cada shapono se realizo un thiosimou-(celebración) en preparación para el triduo pascual.

Para poder visitar estas comunidades, la Hna. Jarmila (FMA) y yo nos preparamos para cruzar el rió en curiara y caminar de 2 a 3 horas por la selva, al llegar compartíamos la palabra de Dios, explicábamos el significado de la Semana Santa, qué se celebra cada día y luego se hacía la invitación para las actividades del Triduo Pascual. Con nosotras asistían varios hombres yanomamis que son cristianos y celebradores, quienes leían y traducían para que los demás pudiesen entender; fue muy emocionante ver como en cada shapono los yanomamis compartían lo que entendían del Evangelio y hacían sus peticiones a Dios, y es allí donde mi corazón saltaba de alegría por saber que aunque era otra lengua podía sentir que esas plegarias solo podían ser para nuestro Padre Misericordioso.

Durante el Triduo Pascual se hizo la thiosimou del lavatorio de los pies, el viernes el viacrucis y el sábado se hizo la celebración de la Resurrección, todas estas actividades se realizaban de día para que los yanomamis pudiesen regresar a sus comunidades antes de que comenzara la lluvia o llegara la noche. Luego el sábado al mediodía, nosotras viajamos a Mavaca para estar presentes en la Eucaristía del domingo con la comunidad apostólica y los otros yanomamis, esta fue una experiencia muy bonita porque allí pude aprender un poco más de la cultura yanomami: como se pintan, como cantan, bailan, cuanto respeto tienen y exigen a su comunidad en las manifestaciones de fe a nuestro señor están de fiesta y junto a su alegría celebramos la más grande de nuestras fiestas la RESURRECCIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUS… (Hesus a hokeprararioma)

 

"NUESTRA MISIÓN: SER ROSTRO Y RASTRO DE LA MISERICORDIA DE DIOS EN MOZAMBIQUE - ÁFRICA." (Cf. Lc 6, 36).

En la Familia Misionera Verbum Dei, en la cual me formé, escuché muchas veces: “Nuestra Misión es ser Rostro y Rastro de la Misericordia de un Dios que acoge nuestra vida, la proyecta y la hace crecer” y con certeza esto ha sido mi experiencia personal y comunitaria durante este primer año en estas tierras del África Austral, permitir al Señor usar mis manos, mis pies, mi boca, todo mi ser, para que su Amor llegue a tantos hermanos que lo necesitan Muchos van siendo las personas y los nombres que van llenando nuestro existir; Lucas, Geremías, Paciencia, Estone, David y Pablo, Jóvenes que no podían terminar sus estudios de secundaria por no tener recursos económicos, así como muchos en Manje, pues ellos ahora, gracias a una beca que el equipo misionero consiguió, no solo han continuado sus estudios, sino que también han llenado sus corazón de esperanzas, de sueños, de proyectos, y es que un joven con esperanza, así como ahora Jhuma, Claudio, Fátima, es en definitiva, una promesa de progreso para su familia, una posibilidad de crecimiento para Mozambique… ser Rastro de Misericordia es hacer que aquellos que habían perdido la esperanza, vuelvan a soñar, vuelvan a creer en Dios y en sí mismos.

Las miradas tiernas de los niños, que no teniendo nadie, corren a nuestros brazos como exigiendo el Amor que por diversas razones no tienen… Mateus, Yonas, Justino, Josina, entre otros muchos que cada día van acercándose al equipo misionero buscando en nosotros un abrazo tierno, fuerte, que les haga sentirse amados, respetados, frente a una sociedad que aún tiene mucho que caminar en cuanto a valorarlos y respetarlos se refiere, que aún no los reconoce con una persona plena de derechos y deberes, con un lugar y un rol en la sociedad, y con una ley que los protege, pero que pocos conocen, ni siquiera los maestros que deberían ser los primeros en defenderlos de quienes, escudados en aspectos tradicionales y culturales violan flagrantemente sus derechos. Trabajar por el futuro de los niños, niñas y adolescentes y soñar con un espacio donde puedan crecer felices, es ser rastro de Misericordia, para aquellos que son los predilectos del Maestro, y que tanto necesitan de nuestro Amor. De la misma manera, es hermosos ver como renace la participación activa de las mujeres de nuestras comunidades cristianas, Las mamás (así se les llama aquí a las mujeres adultas que suelen que son referencia en la comunidad) de nuestra comunidad, Margarida, Teresa, Gilda, Eulalia, Lourdes, Lucinda; ellas que habían sido relegadas a un “rinconcito” siempre como personas de segunda, ahora lideran nuestras comunidades equitativamente con los hombres a quienes ven como hermanos en igualdad de oportunidades y condiciones, y aunque son muchas las que aún no dominan el Portugués (Lengua oficial de Mozambique) hacen un esfuerzo enorme por aprenderla, porque entienden que además de ser la fuerza laboral más importante de su comunidad, de tener que amanecer antes que sol para buscar el agua, la comida para el hogar y la leña para cocinarla, ellas también son parte importante de la evangelización, para lo cual el dominio de la Lengua es importante, y ahora forman parte del Programa de Alfabetización que en alianza con la Escuela, la Misión ha decidido iniciar. Ser Rastro de la Misericordia de Dios es ayudar que nadie se sienta por fuera, que todos descubran su espacio en la Iglesia, y que se sientan promovidos y promovidas humana y espiritualmente. Ser Rostro de la Misericordia de un Dios amante de la pobreza y la fragilidad humana, allí en esos ambientes donde parece que no se puede amar más, como la cárcel, allí también se van grabando nombres y miradas sedientas de la Misericordia… Etelvina, Manuela, María, Adelina, Magdalena, Joaquincito (el Hijo de una privada de libertad), en fin vidas que se graban en el Alma, vidas que te hacen experimentar el “Tengo Sed” (Jn 19, 28) del crucificado… Vidas que dan sentido a mi Vida misionera. Ser Rastro de Misericordia es amar aquellos (as) que la sociedad no considera “amables” y abrazarlos con el Abrazo de Papá Dios.

Ser Rastro y Rosto de la Misericordia de Dios, es en definitiva, salir al encuentro de nuestros enfermitos, aquellos que están esperando en su casa la visita de Dios, porque sus piernitas ya no le permiten ir a la Iglesia, como los muchos que hay en Manje, llevarles el Pan material, el pan de la Palabra y el de la Eucaristía; es buscar aquellos que por muchas razones se han sentido lejos del hogar de un Dios que antes que nada es Padre, de ahí que cada semana los cristianos evangelizan en sus comunidades y sectores y de 120 hemos pasado a congregar más de 400 personas en las celebraciones dominicales; cada día aumenta el número de personas que quieren unirse al Cristianismo, no cesan las personas que piden hablar con los misioneros y expresarles, con palabras más o palabras menos, que ahora sienten que Dios ha llegado a sus vidas… en definitiva este año para nosotros y en particular para mí, ha sido un redescubrir con fuerza mi vocación a ser Misericordia para el mundo y hacer vida las palabras del Papa: “Donde está la Iglesia –escribe el Papa en Misericordiae Vultus– debe haber evidencia de la misericordia del Padre y donde hay cristianos, cualquiera debería ser capaz de encontrar un oasis de misericordia.”

Que María nuestra Madre de Amor, y primera Testigo de la Misericordia- “Porque se fijó en la pequeñez de su sierva” (Lc 1,48)- nos ayude a encarnar, como ella lo hizo, las entrañas de misericordia de Dios, que nos Ama, más allá de nuestro pecado(Cf. Os 2,16), para salir al encuentro de quienes hoy más que nunca necesitan experimentar el Abrazo del Padre de Amor y Misericordia.

Prof. Néstor Quintero-Aldama
Misionero venezolano en Mozambique- África

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