Decálogo de la Infancia y Adolescencia Misionera

 

1.- Un niño misionero mira a todos los hombres con ojos de hermanos.

* Los cristianos que llamamos a Dios Padre, llamamos hermanos a todos los que Dios llama hijos. El niño vive mejor la fraternidad desde la madre. La Virgen Maria, Madre de todos los niños, le ayudará a conseguir esta apertura, con una especial sensibilidad a los niños de los países pobres. * Esta apertura exige una ascesis, que enseñe al niño a superar su natural tendencia egocéntrico, aumentada en muchos de nuestros ambientes por la educación permisiva de la familia. * Esta apertura, que nació con el cristianismo, está en sintonía con una de las aspiraciones más nobles de los hombres y hoy más generalizada; el deseo de una fraternidad universal, que aparece en la actualidad como una exigencia para que nuestro mundo intercomunicado pueda realizar sus posibilidades.

 

2.- Un niño misionero conoce a Jesús, ama como Jesús, no se avergüenza de hablar de Jesús.

* Desde pequeños tienen que ser educados para asumir esta vocación, que la Iglesia recibió como mandato: "Seréis mis testigos... hasta los confines de la tierra" * El testimonio debe ser dado con obras y palabras que hablen de Jesús y del amor de Jesús a todos los niños de todo el mundo. La vocación de testigos comienza en los cercanos: "en Jerusalén". La Infancia Misionera no favorece evasiones. Pide concreciones de¡ testimonio aquí, como garantía de autenticidad, al querer ser testigos "hasta los confines de la tierra". * Ser testigos supone la necesidad de estar disponibles para una vocación misionera.

 

3.- Un niño misionero reza todos los días a su Padre Dios por sus hermanos, y quiere que conozcan a su Madre, la Virgen.

* La Infancia Misionera es una obra del Espíritu. Nació con ese sello, y la oración de los niños por todos los hombres del mundo es una de sus características primeras. * Este valor, radicalmente evangélico, tiene hoy una frescura nueva; pero es necesario trabajar mucho para devolverle toda su actualidad de siempre. Hay que educar al niño en la oración de petición, haciéndole rezar por los niños que sufren. · Haremos un buen servicio a nuestras familias, si las ayudamos a volver a introducir la oración en el hogar, como una de las características de su compromiso familiar misionero.

 

4.- Un niño misionero siempre dice ¡Gracias!

* Educar para la gratitud. Hacer conscientes de la gratuidad. Esto en todos los órdenes. No sólo por los bienes recibidos personalmente, sino por los que reciben los demás. Que valoren lo que tienen en salud, educación, alimentos, gustos... en fe. Que valoren lo que sus padres, sus educadores, sus sacerdotes... su Padre Dios les ha dado gratuitamente. * Educar para la gratitud en un mundo, que parece educar sólo egoístamente para los propios derechos, es un servicio de importancia.

 

Siguiente

 

Design downloaded from free website templates.